07
Noviembre
niños y mascotas

Los niños y sus mascotas

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Por: Claudia González Gamboa / @claudiacgg @esterilizame

 

Los niños y sus mascotas se benefician mutuamente. Tener mascotas es una bendición, son como niños pero de cuatro patas; inocentes y dulces, tremendos, traviesos, curiosos. Están en pleno proceso de aprendizaje… deben aprender qué pueden hacer y qué no, con qué pueden jugar y con qué no.

 

Dónde hacer sus necesidades, cómo caminar con correa; asomarse por la ventana pero cuidar de que no se caigan. Deben aprender lo que significan algunas palabras como “NO”, “ven aquí”, “sentado”, “a comer”… igual que nosotros… Deben aprender el mundo y nacen –como nosotros, inocentes, frágiles, dependientes y con predisposición extraordinaria a la felicidad.

 

HABLAN ALGUNOS NIÑOS

 

Luis Daniel (10 años): Hermano de “Panda Jaramillo”, hijo de una rescatista insigne, Eliana Jaramillo, nos dice que tener mascotas para él significa “una responsabilidad muy grande: darles comida, lavar sus perolas, darles cariño, etc. ¡Pero realmente es lo mejor! Además de que son “alguien más de la familia por quienes siento mucho cariño y me gusta estar junto a ellas siempre… se siente una emoción  muy grande ayudarlas y siempre quieres ayudar más y más”.

 

 

Jorge (12 años): Hijo de mi amiga de la infancia Elizabeth Doll, rescatista incansable, animalista desde siempre. Jorge nos dice: “Tengo mascotas desde hace tiempo. Son hermanos míos, compañeros, alegría, compañía. Son mi familia. Mi primera mascota fue ‘Megara’, una gatica, ahora tenemos a ‘Mozart’ y ‘Beckham’ (dos perritos schnauzers con pedigrí rescatados de una mudanza de país), además de una gatica de nombre ‘Susy’, rescatada de la calle cuando era  pequeñita”. Cuando Jorge tenía 9 años quería dirigir una fundación de rescate de animales en condición de calle.

 

Claudia (50 años): La niña que fui perdió a su mamá a los 4 años. Era hija única y sufría de asma y alergias. Mi abuela, sabia como era, supo que un perro sería mi mejor ayuda y lo fue. Por mi perro superé mi alergia a los pelos de los animales, por el afán de tenerlo superé mi asma, tomando todas las precauciones higiénicas posibles, mi perro fue mi hermano y por 16 años mi mejor amigo y compañero. Hoy, a tantos años de distancia, solo puedo cerrar los ojos y agradecer a aquel perro lanudo y manso (‘Catire’), su eterno amor y compañía durante mi niñez.

 

RECORDEMOS:

 

Las mascotas no son juguetes. Llevar una mascota a casa por insistencia y capricho de un niño es un error. Las mascotas deben llegar al hogar con el aval de toda la familia y por decisión responsable de todos. Antes de adoptar, recordemos:

  • Los cachorros crecen y merecen permanecer dignamente en el hogar que los recibe toda su vida (12 – 15 años), de tal forma que la pequeña bola de pelos que tenemos en frente será un anciano también y sus necesidades en todas sus edades deben ser cubiertas por nosotros.
  • Los cachorros rompen o pueden romper cosas porque están aprendiendo, porque les pican sus encías, porque limar sus uñas es una necesidad (en caso de los gatitos), porque están aburridos; por lo tanto, somos los humanos quienes debemos enseñar, nunca a golpes, a los cachorros.
  • Los cachorros ensucian. Hacen sus necesidades y nosotros debemos enseñar pacientemente dónde hacerlas. No aprenden solos ni con malos tratos #NOALMALTRATOANIMAL
  • Los cachorros necesitan jugar. Si no queremos que un animalito juegue no lo tengamos. Los juegos son las herramientas de la naturaleza para aprender… Estimulemos el juego nosotros.
  • No permitamos a los cachorros hacer lo que no podrán hacer cuando sean adultos. Si no tendrá permiso para subir al sofá o la cama, no lo dejemos cuando es pequeño.
  • Los cachorros son los niños del reino animal. Maltratar a un cachorro equivale a pegarle a un niño: y en vez de aprender lo que debe hacer, solo aprende a temer  y el miedo no conlleva respeto. Respetemos a los bebés de la naturaleza, a los “niños” de todas las especies.

 

A cambio, la convivencia con mascotas, traerá tantos beneficios a la familia  

 

Los niños tendrán un mejor universo afectivo y aprenden sobre  responsabilidad: Pero no deben ser los responsables de la mascota, deben tener tareas vinculadas con ella porque es un miembro de la familia, pero no se debe adjudicar al niño las obligaciones de poner siempre la comida, o sacarlo a pasear siempre, o limpiar a diario las bandejas de los gatos o los periódicos de los perros.

 

Si el niño es el responsable y las olvida, se corren varios riesgos: que el animal sufra abandono estando en un hogar y que la familia decida “salir” de él como castigo al niño.

 

Columna Claudia Gamboa Mascotas

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